martes, 22 de enero de 2013
Cual tatuaje en el alma.
Recuerdo una fría tarde de Mayo. Era Mayo, el mes que te plantaba delante de las puertas del verano pero aun así no puedo olvidarme como se erizó el vello de mis brazos cuando dí el primer paso para salir de casa. Llegué con 10 minutos de retraso, como siempre. Me acerqué buscando unos labios que besar pero solo me encontré con 3 palabras: "Tenemos que hablar." Mi corazón se revolvió en mi pecho, quizá era el momento de dejar claro lo que sentíamos el uno por el otro, sin risas, sin miradas de complicidad, simplemente un silencio mutuo que podría marcar un antes y un después, el dolor contra la gloría. Me miraste y dijiste que ya no podías con esto, que no sabías si era amor, si era un cruce de cables o simplemente era que el destino nos había jugado una mala pasada. Por muchas respuestas que buscara no encontrada contestación alguna coherente. Seguíamos ahí, el bajó la cabeza y yo intuía que mis ojos no podrían aguantar una mirada mas antes de romper a llorar. "Lo siento, es verdad que te quiero, o al menos, eso creo. No quiero hacerte daño, no te mereces esto." Palabras que marcaron el dolor, pero no solo eso, marcaron mi vida, mi mente, cual tatuaje en el alma. Sabía que si en ese momento me levantaba y me iba lo único que estaba haciendo era huir y por eso me quedé esperando un nuevo escupitajo de palabras para el recuerdo. Presentí como mi alma se alejaba de mi dejándome sola y vacía, tan vacía que pensaba que en cualquier momento podría echar a volar, o al menos eso quise. No hubo respuestas. No hubo miradas. Abrí la boca, la mente, el libro de mi memoria para decirte algo pero solo salió un: "Al menos fué un bonito sueño." En ese momento me levante y vi como una lágrima se precipitaba al vacío cual suicida queriendo dejar este mundo de infelicidad diaria, pero me sorprendió mas cuando, al darme la vuelta ya no había nada para mi. Solo vi un cuerpo, delgado y arqueado hacía delante. No vi nada mas allá. En ese momento me di cuento de el calor que hacía, un calor que casi llegó a ahogarme y de hecho quise que lo hiciera, era Mayo, mi alma se había ido, mi corazón se había helado y que ahí se quedaban, sentados en un banco, mis días de gloria.
lunes, 21 de enero de 2013
Correr delante de ese día todos los días de mi vida.
No se si te acuerdas de todo aquello que me contaste. Aquello que me dijiste de que por pequeño e insignificante que fuera algo lo amabas al igual que me amabas a mi. Me contaste que adorabas como miraba el cielo como si quisiera robar un trozo para poder colgarlo de la pared de mi habitación, que te encantada ir por la calle y que pasara una persona dejando un rastro de perfume o cuando afinabas las cuerdas de tu guitarra y te disponías a empezar a tocar. También recuerdo que te encantaba el café solo, sin nada o que te volvías loco cuando llegaba el momento de quitarle el plástico a un nuevo cd. Poco a poco empece a amar las pequeñas cosas yo también. Me encantaba dormirme atenta al sonido de la lluvia en mi persiana, el va y ven de las olas del mar las tardes de domingo, como la sal se mezclaba con el aroma de mi piel, el pequeño placer de quitarle la etiqueta a una camiseta que llevaba tiempo queriendo, el deseo de llegar al estribillo de una canción o las palpitaciones de mi corazón con un solo de guitarra eléctrica. Me hice fan de las noches en las que no podía dormir por nervios, de escuchar "nuevas" canciones de hacía 20 años, de las agujetas en las mejillas de reír, de mirar mi reflejo en los charcos, de tumbarme en el suelo de mi habitación simplemente para cerrar los ojos y pensar, de el olor a esmalte de uñas, de pasarme horas mirando discos, de una canción de los Smiths, de soplar velas o de escribir garabatos en un papel. Deje de ser turista de tus pensamientos para pasar a ser acompañante de tus viajes. Pero también me acuerdo de que un día te dije que mi vida era un caos, que siempre llegaba tarde, que nunca acaba de acostumbrarme a los cambios, que no me gustaba madrugar ni hacer la habitación, que amo el color negro, que quizá muchas veces no tenga ganas de salir de casa por mucho que tu me quisieras ver y que estaba total y absolutamente perdida por tus huesos. Pero como dije al principio de estas ridículas líneas son solo recuerdos. Ya no se como vas a solas por la calle, ni recuerdo el sonido de tu guitarra, no se si has vuelto a tomar café solo o si necesitas endulzar tu vida y que la última vez que te vi abrir un cd fué la última vez que te vi. Pero tengo que darte las gracias por enseñarme a ser lo que soy, a querer con mas ganas, a ser mas fuerte y sobre todo, a correr delante de ese día todos los días de mi vida.
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